Charlie, ser o no ser

moha-retrato-okEl atentado terrorista cometido en París contra la revista satírica Charlie Hebdo ha suscitado un gran interés y preocupación en todo el mundo, e incluso, ha sido motivo de intercambio de opiniones y discusiones en todos los ambientes y foros, incluidas las charlas locales de las cafeterías y mercados. En general ha habido varias manifestaciones de consolidación con el país vecino y se han visto muchos carteles de “Je suis Charlie”.
En la foto de la marcha de unidad nacional celebrada en Paris, que reunió a más de un millón y medio de personas, se encontraba entre los mandatarios internacionales que acompañaron al Presidente francés, y en una buena posición, separado de François Hollande tan solo por el presidente maliense Ibrahim Boubakar, Benjamín Netanyahu, un terrorista de Estado que también quiso ser Charlie.
Durante esta última semana ha habido reuniones de los mandatarios europeos para hablar de seguridad y extremar la vigilancia en toda Europa. Francia ha puesto en marcha un dispositivo de unos diez mil militares que se desplegaron en los sitios más estratégicos, acompañando a los cinco mil policías repartidos ya por todo el país. Hemos observado últimamente que Marruecos ya tenía a parejas de militares patrullando por las calles acompañados por un policía o un gendarme, según si la zona fuese urbana o rural, todo con el mismo fin, prevenir la amenaza yihadista.
Charlie Hebdo ha vuelto a los quioscos con una portada en verde y blanco con una viñeta de Mahoma, que aparece llorando, sosteniendo un cartel donde reza “Je suis Charlie” y como título se puede leer “Tout est pardonné” (Todo perdonado). Esta portada ha sido también criticada por no pocas asociaciones y estamentos del mundo musulmán, incluido el portavoz y ministro de Comunicación del gobierno islamista de Marruecos, Mustafa El Khalfi, que ha indicado que el Estado considera estas caricaturas como una provocación y una difamación inaceptable y condenable. La blasfemia nada tiene que ver con la libertad de expresión, concluyó.
Aprovechando la circunstancia, y al igual que en Argelia, Túnez, Senegal, Turquía y Líbano, el Ministro ha censurado además de Charlie Hebdo todas las publicaciones francesas que han incluido en sus páginas la portada verde, a saber, Libération, Marianne, Le Monde y Le Point.
Cinco millones de ejemplares, en vez de los cincuenta mil habituales, y en cuatro idiomas (francés, inglés, español y árabe) y unas inmensas colas en los quioscos de Francia para obtener un ejemplar que seguro se agotaban a primera hora de la mañana.
La portada es parecida a una anterior publicada también por Charlie Hebdo donde se veía a Mahoma, un humano desbordado por los integristas, que llora e incluso se lamenta y se queja de que es duro ser amado por gilipollas (cons en francés).

Lo que ha quedado claro es que el atentado ha vuelto a poner en la palestra dos temas: el pulso que sostienen Al Qaeda y el Estado Islámico por la hegemonía del poder islámico, con la aparición incluida de niños de diez años que ejecutan a posibles infieles, por un lado, y la vuelta a plantear el dilema de poner o no límites a la libertad de expresión.
Los dos hermanos terroristas que han cometido la masacre en la redacción de la revista satírica han hablado de una venganza, de vengar al profeta. Ni que el profeta necesitase quien le vengue.
De todas las maneras, no se olviden de Gaza, Egipto, Siria ni de Irak.

Deja un comentario