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Archivos Mensuales: julio 2018

El nuevo Código de Prensa en Marruecos ha  supuesto un retroceso significativo respecto al código de 2002. Sanciona infracciones basadas en expresiones no violentas y suspende publicaciones o sitios web mediante orden judicial. Las autoridades utilizan las leyes de prensa para silenciar a los medios independientes. Los tribunales han suspendido páginas web de noticias y han multado a sus editores por «noticias falsas», «difamación» o por cualquier otra excusa. Medidas que han llevado a Human Right Watch a denunciar el retroceso en materia de derechos y libertades públicas tras un 2017 marcado por múltiples manifestaciones.

En este sentido se puede mencionar a los periodistas que fueron juzgados en el marco del movimiento de protestas del Rif y que fueron juzgados por el Código Penal. Como ejemplo encontramos al periodista Hamid Mahdaui, fundador y director del portal web badil.info, que cumple ya un año de cárcel en Casablanca tras ser condenado el pasado septiembre por incitar a la participación en una protesta, no autorizada, convocada en la ciudad de Alhucemas, además de haber estado pendiente de otro juicio junto a los activistas rifeños.

Más peligroso aún es la sensación que se ha tenido últimamente de encontrarse cerca la presión del fantasma y del espíritu maligno de la censura, que parecía haber despertado de su sueño en los últimos tiempos. Acontecimientos como la retirada de una treintena de publicaciones de la última edición de la Feria del Libro de Casablanca, la prohibición de la obra pictórica Kamasutra de Khadija Tanana en una exposición en Tetuán, además de las interferencias en la presentación y en la charla-debate  sobre el libro Sahih Al Bujari, todas ellas acciones que nos recuerdan episodios ya casi olvidados del panorama cultural marroquí.

Se denuncian también las trabas que sufren varias asociaciones para organizar sus actividades y las demoras administrativas a las que se enfrentan las secciones regionales de estas ONG´s. Además, nueve secciones regionales no habían recibido el acuse de recibo para poder trabajar.

Por otra parte, el informe de Human Right Watch cifró en 17.000 las protestas y huelgas organizadas en Marruecos en 2017, y al mismo tiempo denunció «el uso excesivo de violencia» por parte de las fuerzas públicas contra varias protestas sociales en el Rif, en la región minera de Yerada (noreste) o en Zagora, en el sur del país.

En Okacha, la cárcel cercana a Casablanca donde están los activistas del Hirak, estuvieron  encerrados y procesados varios periodistas: Hussein Al Idrissi (Rif press), Abdelali Haddou  (Araghi TV), Fouad Assidi (Awar TV) y Rabie al-Ablaq (Badil.Info). Este último fue hospitalizado tras mantener una huelga de hambre de 36 días que casi le cuesta la vida. Mientras que otro de los encarcelados, Mohammed El Hilali, (Rif Presse) fue condenado a cinco meses de prisión por “insultar a funcionarios públicos durante el ejercicio de sus funciones” y ejercer su profesión “sin autorización”, así como Mohamed El Asrihi de Rif 24 y Freerif , Jawad Al Sabiry también de Rif 24 y Hamid El Mahdaoui (director de Badil.info).

Pero lo más destacado de esta represión es el encarcelamiento del director de Ajbar Alyaoum y alyaoum24.com, el periodista Tawfiq Buichrin, quien está a punto de cumplir cinco meses de prisión desde que le sacaron esposado de su despacho, en una azarosa y violenta detención. Tras él se tejieron toda clase de argumentos que no dejan de ser políticos. Buichrin molesta y había que retirarlo de la calle, sacarlo de su despacho y montar a su alrededor un gran escenario para  convertirlo en enemigo público. Y para colmo, se le está juzgando en sesiones cerradas rodeadas de secretismo y mucha ambigüedad.

Esto es lo que ocurre por acá, pero no se olviden de Gaza, Siria, Irak, Egipto y de los miles de refugiados que se encuentran agazapados en cualquier parte, pasando muchas penurias.

La noticia más destacada en Marruecos es el pronunciamiento, el 27 de junio, del Tribunal de Apelación de Casablanca con la condena de los presos del Hirak, el movimiento rifeño de protesta y manifestación por hacerse oír pacíficamente, reivindicando mejoras sociales y económicas para su región, casi un año después de haber acumulado casi novecientos detenidos. Recordemos que la mecha de la reclamación se incendió en octubre de 2016, cuando una autoridad local de Alhucemas, mandó triturar, en un camión de basura, una remesa de pescado, comprada legalmente en el puerto, propiedad de Muhsin Fikri, quien corrió la misma suerte que su mercancía.

Los 20 años de cárcel que le han caído a los líderes del Hirak Popular, no me parecen justos, pero sí muy exagerados, por participar en una cacerolada, por incitar a reclamar justicia o por decirle al imán de tu mezquita que no se meta en política y que se pronuncie en su sermón por el perdón y la misericordia de Allah. No señor, con la condena de estas 53 personas de  20 a 1 año y multas de unos 200 € a los condenados a menos de cinco años, me parece de una bajeza terrible. Más aún, con la condena a 15 años de prisión al zagal de 16 años Mohamed Buhanouch, la justicia marroquí ha cometido el mayor error de toda su existencia, incluidas las sentencias habidas en la prisión clandestina de Tazmamart y las condenas a muerte dictaminadas por Hassan II. Es lamentable.

Muchas voces en el país han criticado y condenado la dureza de estas penas clasificadas de exageración, a tal punto que el legendario periodista Khalid Al Jamai considera que “lo sucedido va a perjudicar mucho a Marruecos a nivel internacional”, y, añado yo, todo por pedir un hospital oncológico (la zona da los índices más altos de cáncer de Marruecos debido a los bombarderos con gas mostaza realizados entre 1925-26 para acabar con la República de Abdelkrim), una universidad y trabajo.

Verdaderamente, el 2017 ha sido un año muy duro en Marruecos. La Liga Marroquí para la Defensa de los Derechos Humanos ha publicado recientemente su informe anual, donde ha dejado latente el deterioro que ha padecido la libertad de prensa y el derecho de expresión en el país vecino durante el pasado año, aunque la prensa independiente marroquí siempre ha padecido de las garras del Majzen. El informe ha resaltado “un aumento de las persecuciones judiciales de periodistas mediante el Código Penal, en lugar del Código de Prensa», cosa que se veía venir desde el cambio que conoció esta ley.

El régimen alauí ha encarcelado a una decena de periodistas y comunicadores críticos, que cubrieron las protestas del Hirak en el Rif, al tiempo que ha expulsado a corresponsales extranjeros que intentaban informar sobre el movimiento. Especial para nosotros, es el caso de José Luis Navazo, director del medio digital El Correo Diplomático, que casado con una joven marroquí y padre de dos niños mestizos, como a él le gusta afirmar y de los cuales se siente muy orgulloso, fue expulsado de la ciudad de Tetuán con lo puesto y sin explicaciones la tarde  del 25 de julio de 2017. Navazo cuenta que los lazos de su familia con el Rif se remontan a 1860, un tío de su padre, el capitán Joaquín Navazo Garay, cayó de un tiro en el pecho en la posición de Mter, cerca de Tetuán, en 1924, en la estúpida guerra del Rif, como puntualiza. Además, en Alhucemas, un primo hermano de su abuelo creó en 1925 un próspero establecimiento comercial, Casa Navazo, que los habitantes de la ciudad recordarán perfectamente, que se mantuvo abierto hasta finales de los años sesenta del siglo pasado. Navazo que lleva años informado de todo el Norte de África, ha seguido y sigue informando puntualmente, con extrema veracidad, de lo que sucede en el Rif hasta que el Majzen ha decidido expulsarlo del país, separándole así de su familia, sus amistades y de sus más de seis mil libros.

Esto es lo que ocurre por acá, pero no se olviden de Gaza, Siria, Irak, Egipto y de los miles de refugiados que se encuentran agazapados en cualquier parte, pasando muchas penurias.