Horror, represión y censura en Marruecos (y 2)

El nuevo Código de Prensa en Marruecos ha  supuesto un retroceso significativo respecto al código de 2002. Sanciona infracciones basadas en expresiones no violentas y suspende publicaciones o sitios web mediante orden judicial. Las autoridades utilizan las leyes de prensa para silenciar a los medios independientes. Los tribunales han suspendido páginas web de noticias y han multado a sus editores por «noticias falsas», «difamación» o por cualquier otra excusa. Medidas que han llevado a Human Right Watch a denunciar el retroceso en materia de derechos y libertades públicas tras un 2017 marcado por múltiples manifestaciones.

En este sentido se puede mencionar a los periodistas que fueron juzgados en el marco del movimiento de protestas del Rif y que fueron juzgados por el Código Penal. Como ejemplo encontramos al periodista Hamid Mahdaui, fundador y director del portal web badil.info, que cumple ya un año de cárcel en Casablanca tras ser condenado el pasado septiembre por incitar a la participación en una protesta, no autorizada, convocada en la ciudad de Alhucemas, además de haber estado pendiente de otro juicio junto a los activistas rifeños.

Más peligroso aún es la sensación que se ha tenido últimamente de encontrarse cerca la presión del fantasma y del espíritu maligno de la censura, que parecía haber despertado de su sueño en los últimos tiempos. Acontecimientos como la retirada de una treintena de publicaciones de la última edición de la Feria del Libro de Casablanca, la prohibición de la obra pictórica Kamasutra de Khadija Tanana en una exposición en Tetuán, además de las interferencias en la presentación y en la charla-debate  sobre el libro Sahih Al Bujari, todas ellas acciones que nos recuerdan episodios ya casi olvidados del panorama cultural marroquí.

Se denuncian también las trabas que sufren varias asociaciones para organizar sus actividades y las demoras administrativas a las que se enfrentan las secciones regionales de estas ONG´s. Además, nueve secciones regionales no habían recibido el acuse de recibo para poder trabajar.

Por otra parte, el informe de Human Right Watch cifró en 17.000 las protestas y huelgas organizadas en Marruecos en 2017, y al mismo tiempo denunció «el uso excesivo de violencia» por parte de las fuerzas públicas contra varias protestas sociales en el Rif, en la región minera de Yerada (noreste) o en Zagora, en el sur del país.

En Okacha, la cárcel cercana a Casablanca donde están los activistas del Hirak, estuvieron  encerrados y procesados varios periodistas: Hussein Al Idrissi (Rif press), Abdelali Haddou  (Araghi TV), Fouad Assidi (Awar TV) y Rabie al-Ablaq (Badil.Info). Este último fue hospitalizado tras mantener una huelga de hambre de 36 días que casi le cuesta la vida. Mientras que otro de los encarcelados, Mohammed El Hilali, (Rif Presse) fue condenado a cinco meses de prisión por “insultar a funcionarios públicos durante el ejercicio de sus funciones” y ejercer su profesión “sin autorización”, así como Mohamed El Asrihi de Rif 24 y Freerif , Jawad Al Sabiry también de Rif 24 y Hamid El Mahdaoui (director de Badil.info).

Pero lo más destacado de esta represión es el encarcelamiento del director de Ajbar Alyaoum y alyaoum24.com, el periodista Tawfiq Buichrin, quien está a punto de cumplir cinco meses de prisión desde que le sacaron esposado de su despacho, en una azarosa y violenta detención. Tras él se tejieron toda clase de argumentos que no dejan de ser políticos. Buichrin molesta y había que retirarlo de la calle, sacarlo de su despacho y montar a su alrededor un gran escenario para  convertirlo en enemigo público. Y para colmo, se le está juzgando en sesiones cerradas rodeadas de secretismo y mucha ambigüedad.

Esto es lo que ocurre por acá, pero no se olviden de Gaza, Siria, Irak, Egipto y de los miles de refugiados que se encuentran agazapados en cualquier parte, pasando muchas penurias.

Deja un comentario