Quién lo iba a decir, ya estamos en junio y llevamos casi tres meses confinados. Esto es como todo, hay confinamientos de confinamientos y si hay que estar confinado, mejor que sea en casa de uno.
Por aquí y por allá se encuentran unos 32.000 marroquíes abandonados, fuera de sus casas porque la pandemia les pilló fuera del país. Ellos se encuentran a lo largo y ancho del globo y se sienten mal, dejados, abandonados, rechazados y algunos en situaciones familiares deplorables. Sienten que su país, su Gobierno y su Parlamento los han rechazado, no han hecho nada por ellos desde que a alguien se le ha ocurrido cerrar las fronteras, los espacios aéreo y marítimo, no permitiendo que nadie vuelva a su casa. Lo han cerrado todo y antes que nadie.
Nasser Bourita, el ministro marroquí se Asuntos Exteriores, Cooperación Internacional y Marroquíes Residentes en el Extranjero se ha cegado; no habrá pensado en ningún momento en ellos y los ha dejado colgados donde fuese para preservar un bajo índice de contagios, muertes y para frenar la expansión de la pandemia. Es una cuestión de prioridades. Bourita ha abandonado a 31.999 paisanos y ha rescatado a una ciudadana, ha repatriado a su hija que se encontraba estudiando en Londres. Sí lo ha hecho, y seguramente a su pesar, porque la mamá de la niña le ha ordenado que lo haga, que ella prefiere que su hija pase el confinamiento junto a ella, en su residencia de Rabat, en vez de una habitación en suelo londinense, como están cientos de chicos y chicas, incluida la mía.
A Marruecos, especialmente a Casablanca, Rabat y a Marrakech han volado a finales de marzo y en abril aviones españoles y franceses para repatriar a ciudadanos de ambos países y seguro que todavía queda alguna persona de estas nacionalidades que no ha tenido la suerte de embarcar retornando a su casa.
En Marruecos, como han recogido los medios, el Jefe del Gobierno ha comentado que están pensando en los paisanos confinados fuera del país y que iban a repatriarlos a razón de 300 personas por semana. Imagínense ustedes la burrada. Hemos calculado por una simple ecuación casi infantil que se necesitarían más de dos años para repatriar a los 32.000 ciudadanos a razón de 300 por semana. Se pueden creer tal barbaridad o es que el señor Otmani cree que la Covid-19 nos va a durar hasta el 2023. ¿Qué hacía y qué hace el Gobierno con su Comisión de expertos de la pandemia desde que cerraron las fronteras y prohibieron la circulación aérea y marítima?
De todos modos procedieron a la repatriación hace un par de semanas y se llevaron al país a los paisanos que se encontraban en Melilla, Ceuta y Argelia. Todo ello con una desorganización del copón de mico ya que de Ceuta iban a retirar a 300 personas en varios autocares y se encontraron que había 800. El hecho es que la lista de personas que querían regresar a casa la había confeccionado una asociación un mes y medio antes y no recogía ni la mitad de los que se encontraron. Y, precisamente en Ceuta se ha dejado de repatriar ya que se han detectado algunos Covid-19 positivos entre los trasladados a la provincia de Tetuán. La próxima semana quizás continúen con la repatriación y así lo deseamos, pero veremos cuanto va a durar la operación.
La imagen que ha recorrido el mundo esta semana es la de George Floyd, hombre de raza negra a quien un agente del orden en Minneapolis, EEUU, pone fin a su vida apretándole el cuello contra el suelo con su rodilla, mientras él repetía que “no puedo respirar”, hasta que logró asfixiarlo. Esto ha transcurrido mientras muchos ciudadanos increpaban al policía asesino, que no ha dejado de apretar. Esta imagen de un vídeo grabado y colgado en Faceboock por D. Frazier ha sido la mecha del levantamiento de las grandes protestas que se llevaron a cabo en todo Estados Unidos e incluso la han traspasado para que se produzcan manifestaciones contra el racismo ante las embajadas de EEUU en infinidad de capitales europeas. Este vídeo ha reavivado la memoria ciudadana que ha hecho circular en whatsapp la imagen en la que un soldado israelí asesina a un niño palestino apretándole también con su rodilla el cuello contra el suelo hasta acabar con su vida. Y me pregunto, si en este caso también, se puede hablar de cuestión de prioridades y a quién benefician estas prioridades.
Pero de todas las maneras no se olviden de Gaza, Siria, Irak, Egipto ni de los miles de refugiados que andan por ahí agazapados en espera de una salvación.
