Dimita por favor
En la vida real todo termina sabiéndose. El “nada se pierde, todo se transforma” que se aplica en física, economía, etc. se puede aplicar también en otros muchos casos. El mismo día que apareció Teresa, la auxiliar de enfermería en el hospital como posible infectada de ébola, la Bolsa, como termómetro de todos los acontecimientos, pegó un tremendo bajón. ¿Qué me importa a mí que una sanitaria la ingresen en un hospital en vez de en otro?, dirían aquellos a quienes la bolsa ha desplomado. En realidad nada ata una cosa a la otra, pero el que juega en la Bolsa sabe que esto puede pasar y pasa.
Improvisación, chapuzas, falta de organización, soberbia, ignorancia, no hacer partícipe al realmente experto y no sé qué más adjetivos añadir, son el calificativo más blando que se puede aplicar a la gestión de los Gobiernos de la Nación y de la Comunidad de Madrid a la actual crisis sanitaria. Esto es el principio y no quiero ni pensar cómo va a acabar. Pero, a mi pesar, les aseguro que va a ser muy duro y que vamos a lamentar muchas cosas.
Las redes sociales le han recordado a la ministra de Sanidad Ana Mato un comentario suyo en su época de vicesecretaria de Organización del PP (en la oposición), al calificar de “muy grave la gestión de Chacón respecto al brote (gripe porcina en el cuartel militar de Hoyo de Manzanares en 2009) y aseguró que su obligación es renunciar al cargo si no da las explicaciones suficientes”. Ese lamentable hecho tampoco se salva de las críticas vertidas aquí, a la vez que en todos los foros, calles y rincones del país. Esto está que trina.
Mato ha hecho oídos sordos después de que los ciudadanos y la oposición le rogara que deje el cargo. No ha dado, por supuesto, las explicaciones pertinentes y rechazó la dimisión argumentando que “no es momento para hablar de eso”.
Gallardón, que nunca ha sido santo de mi devoción, ha dimitido pero no por quedar desautorizado por el proyecto de ley del aborto, sino porque no se ha visto bien considerado entre tantos chapuzas compañeros de partido y de gobierno, así también porque Rajoy no piensa dimitir en ningún caso ni momento. Por ello Gallardón ha propuesto a otro momento su candidatura a la presidencia del Gobierno y del Partido que es lo que cree que se merece. Además se ha buscado una buena jubilación anticipada para, a partir de ahora, vivir como un auténtico rajá. Sueldo de exministro, sueldo de expresidente de la Comunidad de Madrid, no sé si también del Ayuntamiento, dos o tres sueldos como consejero de las empresas públicas o privadas que lo estimen oportuno (acuérdense de esto porque lo verán publicado dentro de poco) y a vivir sin fatigas, sin responsabilidades y con la sola obligación de pasear a sus perros. Este es un hombre inteligente. Un político que incluso ha logrado que no le denunciemos los habitantes de Madrid, por el pifostio que nos ha hecho y por la deuda que nos ha dejado; deuda que según creo, tendrán que pagar en parte nuestros nietos también.
Cada vez me creo más aquello de que Aznar ganó las elecciones de 1996 con aquella frase que repetía hasta la saciedad: “Dimita señor González”; frase que desquebrajó al PSOE e hizo que perdiera las elecciones.
Pero en este país, con la experiencia que tenemos, nadie dimite, y además nadie podría aguantar dos dimisiones en un mes, y Rajoy menos todavía. Si Gallardón lo hizo es porque divisaba horizontes más lejanos. No se quería quemar con Rajoy, sino sustituirle una vez hecho cenizas. Y hoy por hoy yo les aconsejo: por favor, si usted no puede, dimita que los demás se lo vamos a agradecer mucho.
Además les agradeceré que no se olviden de Gaza, Siria, Irak y Egipto. Y dentro de poco, me temo, que les rogaré que no se olviden de España.