No me toques el culo que me despeino
El título de este artículo es en homenaje a mi amigo Pedro que falleció hace unos pocos días, dejando un cierto vacío entre los miembros del grupo de amigos que en un momento del día nos reunimos para hablar del bien y del mal y para comentar las noticias aparecidas en la prensa. Pedro, 78 años, para más señas taxista de profesión, era tan ingenioso como generoso, tan sincero como valiente. Un día se fue sin despedirse, simplemente para no causar dolor.
Y, hablando de comentar noticias, hay dos, dignas de mención, que me apetece esta vez compartir con todos vosotros, de entre las miles que han pasado por mis manos en la última semana.
La primera es que “Altos cargos de Hacienda enseñan a asesores fiscales y abogados cómo eludir impuestos”. Así reza el título, como lo han leído. Los inspectores de Hacienda en vez difundir, animar, inducir a los ciudadanos malos a pagar impuestos. En vez de convencerles del bien que esos impuestos hacen al país y a toda su población, en vez de explicarles el bien que todos obtenemos de esos dineros, en vez de hablarles de los derechos y de los deberes de todos. No, no y no. Ellos les adiestran, les enseñan cómo defraudar, cómo ser malos, cómo engañarse a sí mismos y engañar a los demás, cómo no ser patriota ni solidario, cómo no cumplir con el deber, cómo ser pillos y malignos, etc. Esto viene al caso, como se lee en la noticia, porque 20 de los 27 profesores del Máster en Dirección de Fiscalidad Internacional, para más señas, son o han sido funcionarios públicos que se supone nos cobran entre 70.000 y 100.000 euros anuales por defraudarnos y enseñar hacer trueques, burlar, metérnosla doblada, dárnosla con queso y en fin, estafarnos, defraudarnos, timarnos y truhanearnos. Tengo muy claro que Hacienda somos todos y que a esos veinte hay que leerles la cartilla y algo más.
La segunda noticia tiene que ver con la joven Cassandra, estudiante de Historia que ha sido condenada a un año de cárcel y a siete de inhabilitación por escribir 13 tuits que bromean sobre el atentado que sufrió el ex presidente del Gobierno Carrero Blanco, por constituir un delito de humillación a las víctimas del terrorismo. Personalmente no dejan de sorprenderme los jueces, y menos mal que no se enteran ni tienen que juzgar lo que escribe la gente por ahí. Si hay que meter en la cárcel a los autores de tanto tuit y mensaje que circula en los medios de comunicación privados, no habría sitio en las cárceles y nos encontraríamos tan desbordados como acongojados. He leído los tuits y no he encontrado ofensa alguna a las víctimas del terrorismo ni a sus familiares, ni parecido alguno con el viaje intergaláctico de Carrero Blanco. Habría que ver los chistes que se han publicado en la prensa sobre ese hecho en los últimos cuarenta años, se sorprenderían de entrada después de averiguar que los autores no han sido encarcelados.
Para no querer complicarme la vida, me abstengo de muchas cosas. No voy a hablar de Rajoy, de Maduro, del PSOE y menos de Susana Díaz, del Brexit, de los refugiados, ni de los 4.500 millones de euros que Rajoy ha regalado a Cataluña para disuadirles de no dejar España, no voy a hablar de Gibraltar ni del Brexit y tampoco quiero hablar de cierto periodista y tertuliano que enreda y teje trenzas para el beneficio de no sé quién.
De todas las formas, no se olviden de Siria, Irak, de Egipto cuyo presidente ha sido recibido en la Casa Blanca ni de los cientos de refugiados que vagan por dondequier en busca de sosiego, relajación y tranquilidad.